Las 4 de la madrugada y he decidido no pensar más en cosas
que no tienen sentido repensarlas hasta el punto de no llegar a una conclusión lógica.
De porque le dije no al chico que siempre me gusto, de porque no elegí una
mejor oferta de trabajo, de porque no tuve el valor de manifestar mis
sentimientos, de porque aún sigo esperando cambiar las cosas, de porque la
rutina sigue consumiendo mi viva… y así, puedo enumerar una lista realmente
larga de mis porques.
Fueron días muy intensos tratando de entender la actitud de
las personas, probablemente mantengo viva en mi aún la inocencia, y tal vez nosotras
las mujeres somos inocentes hasta el punto que creemos en lo que estamos
seguras que es falaz. Si alguien nos dice que nos quiere y y a eso le agregas
un toque de romanticismo nos convencemos (o tal vez nos engañamos) de que es así,
o si percibimos una actitud noble nos vendamos los ojos, sin darnos cuenta, y
vemos solo lo que queremos ver, y que obviamente está muy lejos de ser la
realidad. Y yo me pregunto ¿qué tan difícil es entender el valor de la verdad y
la honestidad? Acaso la verdad no es una forma de quitarte responsabilidades y
de ser libre.
La vida se ha tornado en un cumulo de afirmaciones y
negaciones que la final no sabemos si son verdaderas o falsas; es muy difícil confiar
en la palabra, y es que sencillamente su valor ya no existe. La posición ahora
ya no es confiar, sino desconfiar. Para que tratar de encontrarle sentido a lo
que nos dicen sin tal vez no sea verdad, creo que lo que nos queda es confiar
en nosotros mismos, somos los únicos que no podemos mentirnos.